Cuenco de crema de calabaza y mijo macrobiótica con semillas de sésamo en mesa de madera.

Crema de Calabaza y Mijo: Receta Macrobiótica para Septiembre

4 septiembre 2026

Del verano al verano tardío: cómo adaptar nuestra alimentación según la macrobiótica

Septiembre es un mes de transición. El verano todavía se deja sentir, pero poco a poco los días se acortan, las temperaturas comienzan a suavizarse y nuestro ritmo cambia. Volvemos a las rutinas, a los horarios y, casi sin darnos cuenta, cambia nuestra manera de comer.

Tarjeta de resumen con ingredientes y técnica de la receta de crema de calabaza y mijo.

Desde la visión macrobiótica, este momento del año corresponde al verano tardío, una etapa intermedia entre la energía expansiva del verano y la llegada del otoño. Es un buen momento para observar qué necesita nuestro cuerpo y acompañar el cambio de estación también desde la alimentación. No se trata de cambiar nuestra dieta de un día para otro, sino de hacer una transición progresiva: pasar de alimentos muy refrescantes y preparaciones ligeras a platos algo más templados, nutritivos y reconfortantes.

¿Qué representa el verano tardío en la macrobiótica?

La tradición macrobiótica se inspira, entre otras fuentes, en la visión energética de la medicina tradicional oriental y relaciona las estaciones con diferentes movimientos y cualidades. El verano tardío se asocia con el elemento Tierra, relacionado simbólicamente con la estabilidad, la nutrición, la transformación y el centro.

Es el momento en el que la naturaleza empieza a recoger los frutos de los meses anteriores. Las plantas maduran, aparecen alimentos naturalmente más dulces y nuestra alimentación puede acompañar ese movimiento hacia una mayor calma y estabilidad.

El sabor dulce adquiere aquí un protagonismo especial, pero conviene aclarar que hablamos principalmente del dulzor natural de los alimentos, no de añadir azúcar. Cereales integrales, calabaza, zanahoria, cebolla, boniato o maíz pueden aportar ese sabor dulce de forma natural.

Ilustración de consejo sobre el dulzor natural en la cocina macrobiótica.

Del fresco a templado: pequeños cambios que tu cuerpo agradece

Durante los meses más calurosos es habitual que nos apetezcan ensaladas, frutas, gazpachos, verduras crudas y bebidas frescas. Son alimentos que ayudan a sentirnos ligeros y refrescados cuando las temperaturas son elevadas. Con la llegada de septiembre podemos empezar a introducir pequeños cambios.

No hace falta abandonar las ensaladas ni dejar de comer fruta. La idea es reducir progresivamente el exceso de alimentos fríos y crudos y dar mayor presencia a alimentos cocinados y templados. Por ejemplo:

  • De una ensalada abundante podemos pasar a una ensalada templada con verduras salteadas.
  • De un gazpacho frío podemos pasar a una crema de verduras.
  • Podemos sustituir algunas preparaciones muy ligeras por salteados, sopas o guisos suaves.
  • Los cereales integrales cocidos pueden empezar a ocupar un lugar más habitual en nuestras comidas.
  • Las verduras de temporada, cocinadas lentamente, aportan textura, dulzor y sensación de alimento reconfortante.

La clave está en hacerlo de manera gradual y adaptada a nuestro clima, actividad y necesidades personales. Recuerda escuchar a tu cuerpo y, si tienes alguna condición médica o estás embarazada, consulta a tu profesional de referencia antes de introducir cambios importantes en tu alimentación.

¿Qué alimentos podemos priorizar en septiembre?

El verano tardío nos ofrece una gran variedad de alimentos que encajan perfectamente con esta transición:

  • Verduras de temporada: calabaza, zanahoria, cebolla, puerro, calabacín, maíz, remolacha o boniato, dependiendo de la zona y del momento de la temporada.
  • Cereales integrales: arroz integral, mijo, cebada o avena.
  • Legumbres: garbanzos, lentejas o judías, adaptando las cantidades y las preparaciones a nuestro nivel de actividad y a cómo nos sientan.

Más que buscar una lista cerrada de alimentos «permitidos» o «prohibidos», septiembre puede ser una oportunidad para recuperar una alimentación sencilla, variada, local y de temporada.

El dulzor natural: una de las claves del verano tardío

Una de las ideas más interesantes de esta etapa es aprender a apreciar el dulzor que aparece naturalmente en algunos alimentos. Cuando cocinamos una cebolla lentamente, asamos una calabaza o preparamos una crema de zanahoria, descubrimos sabores dulces sin necesidad de añadir azúcar.

Este dulzor natural no solo es más saludable para toda la familia, sino que también ayuda a frenar esos antojos de dulce que a veces aparecen cuando el cuerpo pide energía rápida. Aportar cereales integrales y verduras cocinadas con dulzor natural es una forma de nutrir el centro, de darnos estabilidad, sin los picos de glucosa que nos dejan peor de lo que estábamos.

Volver al centro después del verano

El cambio de alimentación también puede acompañar el cambio de ritmo. Después de semanas de vacaciones, comidas fuera de casa, horarios diferentes y mayor actividad social, septiembre suele invitarnos a recuperar cierta regularidad. Podemos aprovechar este momento para volver a:

  • Comer a horarios más estables.
  • Priorizar alimentos sencillos y poco procesados.
  • Cocinar más en casa.
  • Dar protagonismo a cereales integrales, verduras y legumbres.
  • Escuchar cómo nos sientan los alimentos.
  • Comer con más calma y atención.

En definitiva, es una forma de observarnos y adaptarnos. Y para acompañar este regreso al centro, te propongo una receta que se ha convertido en un clásico de septiembre en mi cocina.

Collage con los pasos para preparar la crema de calabaza y mijo.

Receta de Crema de Calabaza y Mijo para septiembre

Esta crema es una propuesta sencilla para esos primeros días en los que empieza a apetecer algo más cálido. La combinación de calabaza, cebolla y mijo aporta un sabor naturalmente dulce y una textura suave y reconfortante.

Además, el mijo es uno de los cereales integrales más fáciles de digerir y una excelente fuente de magnesio, un mineral que tantas mujeres necesitamos cuando el ritmo se acelera. Si nunca lo has cocinado, te sorprenderá lo versátil que es, por ejemplo como sopa de miso, un plato excelente para la llegado del cambio de estación.

Ingredientes para 4 personas

Elaboración paso a paso

  1. Lava el mijo y escúrrelo bien. Este paso es importante porque el mijo tiene una ligera capa de saponina que puede darle un sabor algo amargo si no se lava. Basta con ponerlo en un colador fino, aclararlo bajo el grifo y dejarlo escurrir.
  2. Pela y corta la calabaza en dados. Corta también la cebolla y el puerro. No hace falta que los dados sean perfectos, luego trituraremos todo.
  3. Calienta el aceite en una olla y cocina suavemente la cebolla y el puerro durante unos minutos. Aquí está el secreto del dulzor natural: si los pochamos a fuego bajo, sin prisa, soltarán su azúcar natural y la crema ganará un sabor redondo y suave.
  4. Añade la calabaza y el mijo y remueve durante unos minutos para que se integren los sabores.
  5. Cubre con agua o caldo de verduras y añade una pizca de sal.
  6. Cocina a fuego suave durante unos 20-25 minutos, hasta que el mijo y las verduras estén tiernas.
  7. Tritura hasta obtener una crema fina. Si queda demasiado espesa, añade un poco más de agua caliente hasta llegar a la textura que te guste.
  8. Sirve templada con unas semillas de sésamo tostado por encima. Las semillas no solo aportan un toque crujiente, también suman calcio y grasas buenas.

Un truco de Sara: si quieres potenciar todavía más el sabor dulce natural de la receta, cocina la cebolla a fuego lento unos minutos antes de añadir el resto de los ingredientes. Verás cómo cambia el resultado.

Esta receta te ha dado herramientas para cuidar de ti y tu familia, pero cada cuerpo es un mundo. Si sientes que necesitas un plan de acción 100% personalizado para ti y los tuyos, recuerda que puedes solicitar una consulta de alimentación macrobiótica conmigo. Estaré encantada de ayudarte a encontrar el equilibrio que mereces.

Preguntas frecuentes sobre la receta de Crema de Calabaza y Mijo

¿Qué beneficios tiene la crema de calabaza y mijo?

Es una crema reconfortante, fácil de digerir y naturalmente dulce. El mijo aporta magnesio y la calabaza betacarotenos, ideal para la transición estacional.

¿Cuánto tarda en hacerse la crema de calabaza y mijo?

Unos 30-35 minutos en total, incluyendo la preparación y los 20-25 minutos de cocción.

¿Es la crema de calabaza y mijo apta para celíacos?

Sí, todos los ingredientes son naturalmente sin gluten. Solo verifica el caldo si lo usas.

Nota de Bienestar

La información contenida en este artículo tiene fines educativos y no sustituye el consejo médico profesional. Si tienes condiciones de salud específicas, consulta siempre a tu médico o nutricionista antes de realizar cambios significativos en tu dieta.

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